¡Que Bueno Que Las Cosas No Van Como Uno Quiere! por Nick Arandes

Recientemente estaba compartiendo con una amistad que no sabía qué hacer con su vida. No sabía qué hacer con relación a su trabajo, no sabía qué hacer con relación a parejas, estaba completamente perdida y reflexionaba como se la había pasado toda su vida huyendo.

Me decía, “Tengo 38 años de edad y nada que mostrar. No me he realizado en el trabajo, mis parejas siempre han sido problemáticas, ahora que quiero intentar hacer un negocio me niegan el crédito, no tengo dinero suficiente, no se que hacer ni para donde ir.”

Mientras la escuchaba atentamente había algo en mi que sentía un regocijo porque sabía que todo lo que estaba ocurriendo en su vida estaba simplemente preparándola para poder rendirse a este momento y poder aceptar el gozo de lo que es la paz que se experimenta cuando uno completamente lo suelta ¡todo!

Le compartí que donde ella se encontraba es exactamente donde me encontraba yo hace sólo unos cuantos años atrás. Me encontraba en una posición donde no sabía qué hacer con mi vida, no tenía trabajo, veía mis amistades que algunas de ellas la vida le aparentaba ir bien, intentaban darme consejos no obstante no podía hacer nada con ellos. Sentía que no tenía la energía de hacer nada y lo único que podía hacer era rendirme constantemente a la experiencia presente.

Según la vida misma me fue demostrando, en cada rendición experimentaba un amor que me arropaba. Pueda que algunas personas interpretasen eso como un estado de negación, pues a final de cuentas todo el mundo está acostumbrado a la lucha, a sobrevivir, sin embargo, para mi ese amor que me arropada era simplemente la paz que se experimenta cuando se rinde uno completamente a cada momento presente, cuando uno entrega todos sus deseos, todas sus expectativas, todas sus metas, todas sus pertenencias, todos sus apegos a la vida, en total confianza de que ya no desea nada, solo la paz interna.

Desde ese espacio paradójicamente me encontraba inspirado a hacer cosas, cosas que no tenían nada que ver con lo que yo creía que querría o con lo que yo creía que sería lo mejor para mí, sino que esa inspiración surgía para poder yo compartir el amor y la creatividad que estaba en mi.

Lo que hace no obstante que este proceso aparente ser tan difícil de practicar es que va en completa oposición a como se nos ha enseñado a vivir la vida. Primero que nada creemos que sabemos lo que queremos. Esa es la trampa principal. A raiz de esa trampa ahora creemos que somos nosotros a raíz de nuestro esfuerzo los que nos auto “realizamos,” sin darnos cuenta de que la vida tiene un plan, y es que recordemos lo que somos. Es que recordemos que somos el amor que nos sostiene y no el individuo separado que tiene que sostenerse por si mismo.

Le compartí qué de lo que ella estaba huyendo era de ese espacio de silencio por el miedo a creer que si no hacía nada su vida terminaría fuera de control. Y lo interesante del caso es que su vida estaba fuera de control, y por más que se esforzaba todo lo que hacía era empeorándolo todo. Y aunque desde afuera aparenta ser como que las cosas iban “mal”, muy claramente podría yo observar que la vida simplemente le estaba ofreciendo una y otra vez el regalo de rendirse completamente, de soltarlo todo para así entregarse a la vida misma y descansar en ella.

Según ella se permite dejar abrazar por cada momento presente puede entonces observar como la vida misma orquesta cada experiencia y cada situación para apoyarla en su proceso de recordar quién ella realmente es. Ella no es este individuo separado caminando por el mundo sin rumbo y a la deriva ante un futuro incierto. Eso es lo que creemos y por eso en vez de rendirnos a cada momento y confiar en el presente nos la pasamos intentando controlar y planeando el futuro para “supuestamente” poder tener un “sustento”, aun cuando sufrimos en el proceso.

Pero si aceptamos el regalo que el momento presente nos brinda, el cual es una paz que no tienen nada que ver con lo que aparente estar ocurriendo en nuestro entorno, podemos entonces tomar conciencia de que todo lo que ha estado ocurriendo estaba perfectamente orquestado para poder sentir esa paz que ha estado y que siempre estará disponible.

Desde esa paz surgen los impulsos creativos los cuales nos dirigen en cada momento a que hacer y que decir, y lo que terminemos diciendo o haciendo, al haber nacido de esa paz, no puede sino que ser extendido a todos.

Ese es el secreto de una vida plena, que como podemos ver no tiene nada que ver con qué tipo de trabajo hagamos ni con intentar hacer dinero. En mi caso por ejemplo, mi intención de contestar preguntas, facilitar charlas, crear música, escribir libros, filmar videos, etc., son diferentes maneras de expresar la creatividad que se encuentra en mi y de compartirla sin saber en qué dirección la vida me lleva.

Paradójicamente algunos de esos medios se han convertido en fuentes de ingreso. Pero nada de eso ha surgido a raíz de un plan premeditado o de ninguna estrategia intelectual.

Todo eso ha a ido surgiendo a raíz de entregarme completamente a la paz interna, a raíz de entregarme completamente de la mejor manera posible a cada momento presente, y la vida constantemente me apoya con los recursos que sean necesarios para yo continuar profundizando en el recordar de lo que soy y no en adquirir las cosas que crea me puedan hacer feliz, o en ver como “ganarme” la vida, etc.

Así que aunque mi amiga esté preparada para verlo o no, el que las cosas no vayan como ella quiera es el regalo más grande que la vida le ofrece para que finalmente deje de luchar y se rinda completamente para que por primera vez se deje amar. Y ese amor se reflejará en su vida.

La verdad es que nunca hacemos nada. Solo que al creer que hacemos sentimos resistencia y es ahí donde surgen todos los problemas, que son mas bien problemas de percepción. Si uno se entrega a este momento, a la paz, somos el vehículo a través el cual la vida misma se extiende. Mis talentos, mis regalos, son pare ser compartidos, nada mas!